No todos los empleados se entrenan. Algunos se despiden.

No todos los empleados se entrenan. Algunos se despiden.


En liderazgo, no todas las decisiones son cómodas. Pero las más incómodas suelen ser las más necesarias.

Una de las más difíciles: decidir si entrenar o despedir a un colaborador.

Con los años, he aprendido que no todos los errores merecen la misma respuesta.

Aquí comparto una guía práctica que me ha servido para actuar con firmeza y justicia:

Empleado que se queja por todo: despide. La actitud negativa contamina equipos y frena el progreso.

Empleado desorganizado: entrena. Enséñale sistemas y hábitos. Si no mejora, entonces sí, despide.

Empleado que siempre llega tarde: despide. La puntualidad habla de compromiso y respeto.

Empleado que miente: despide sin titubear. La confianza, una vez rota, es muy difícil de reconstruir.

Empleado que comete errores en el proceso: entrena. A veces solo necesita claridad, guía y acompañamiento.

Empleado con mentalidad de víctima constante: ni lo contrates. Porque no busca soluciones, solo culpables.

Nuestra tarea es construir equipos de alto rendimiento, y eso empieza por tener tolerancia cero a lo que destruye la cultura.

¿A ti qué situaciones te han obligado a tomar decisiones difíciles?

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